La insustancial materia de los sueños
Zona de insano esparcimiento y cultivo de ocio, ya sea propio o ajeno, sea usted bienvenido, sirvase de hacer lo que le venga en gana, este espacio también es suyo
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jueves, 22 de septiembre de 2011
jueves, 13 de enero de 2011
Extravíos
Alrededor el mundo se vuelve desierto,
la rueda gira constantemente hasta llegar a silencio
maquinaria imprecisa de sueños que caen distantes.
enternecido el instante en que tu muerte cobijó las horas
la palabra proferida al atardecer
en tus brazos ficticios y tus labios de aire
en la espiral de los sueños
vemos reflejado al que no seremos.
Dios escribe un nombre en la penumbra
respira y muere en cada verso.
muestra el filo de su lengua en cada momento,
con ambas manos oprime la yugular
inventa la posibilidad de dudar de él, de soñar y crear,
Alrededor de todo, los símbolos están remembrando el retorno
un lenguaje que quebranta las horas,
un libro que se escribe a través de la mirada que lo recorre,
en oceánicas insinuaciones se resbala el aliento de las horas
con melodías, silencios, vibraciones,
ecuación exánime de la memoria
que se marchita vida con vida esperando a que llegues
Alrededor del viento nos escuchamos,
buscamos reconocer nuestra voz
alrededor de cada instante que nos negamos,
nos invocamos por el nombre que no tenemos,
seducimos la soledad con los labios húmedos,
con las borracheras que nos posterga un silencio.
Alrededor de nada es donde somos
un espejo que sacude los insomnios,
un cálido beso que el reflejo otorga a la transparencia,
muerde la calle un momento
un catálogo de remembranzas
tomar las ventanas y tatuar un nombre
precipitarse en sombras a la velocidad del instante
en la salinidad de las madrugadas
donde me doy cuenta de que sigo estando
con cada paso desandado
con cada memoria que se inmola a si misma
me adentro en la soledad de este mi desierto de asfálticas dunas
y no percibo ningún sonido que emane del recuerdo
y reclame mi permanencia
martes, 28 de diciembre de 2010
Ralph Towner I Suoni delle Dolomiti 1997
I
¿Dónde nos perdimos, qué brújula guió nuestro extravío?
Un día que pudo ser sin ambos cualquier otro,
donde perseguimos alas de ángeles en el solsticio,
sin consideración al tiempo que se avecinaba,
con las melodías que testifican
nuestra permanencia en el pasado,
con los reclamos que jamás nos dimos,
con los labios marchitos
y el corazón vacío.
Revisando la exactitud que tiene un poema,
la libertad en las manos,
sin dudas ó temores,
arrojando sueños al océano,
derramando la soledad en balcones ajenos,
en amaneceres fríos,
con la compañía de un recuerdo en las sábanas,
el mundo es propio desde que nos convertimos en parte de él,
sustancia intangible de los deseos.
¿Dónde está el sortilegio que habrá de reunirnos?
¿ cuál es la fecha donde nos podremos ver sin resentimientos?
Una luna que hace malabarismo en cualquier tejado
y la noche que no habrá de mancillar el olvido.
Anochece en la ventana
y el crepúsculo no me da las respuestas que necesito.
II
No te marches,
no renuncies al encuentro,
te sé de sal ésta noche en que el vacío nos reconoce,
el café se enfría,
tu mirada es de humo y la piel de la calle se marchita afuera,
tus labios aún conservan el sabor de las certezas.
Reconozco tus ausencias al otro lado de la mesa,
tu sonrisa arde y congela,
es una daga que juega su filo en mis muñecas,
una súplica oscila en la ventana,
la petición de quedarte no asoma sus intenciones,
atravesamos la calle de la mano,
intuimos en el tacto una traición al ahora,
el suicidio que no llego ayer;
otra taza de silencios adorna la mirada que no nos otorgamos,
tus manos juegan combinando un idioma nuestro en el aire,
los labios buscan un roce,
un aviso en la sequía mutua,
una frase que se evade.
No importa nada ya,
mañana nos atrapará el recuerdo,
el pasado,
lo que no seremos…
la conjugación de cualquier verbo,
la negación al abandono
que en ésta habitación
nos hemos regalado
III
Una luz que pende alrededor de nada,
el sonido del mar que se agita,
una luna se sumerge en tu mirada,
tu voz susurrando el nombre de una silueta,
una sombra que se abraza en ti
y por desgracia no soy yo quien lo testifica
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