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martes, 28 de diciembre de 2010

Ralph Towner I Suoni delle Dolomiti 1997


I


¿Dónde nos perdimos, qué brújula guió nuestro extravío?
 Un día que pudo ser sin ambos cualquier otro,
donde perseguimos alas de ángeles en el solsticio,
sin consideración al tiempo que se avecinaba,
con las melodías que testifican
nuestra permanencia en el pasado,
con los reclamos que jamás nos dimos,
con los labios marchitos
y el corazón vacío.

Revisando la exactitud que tiene un poema,
la libertad en las manos,
sin dudas ó temores,
arrojando sueños al océano,
derramando la soledad en balcones ajenos,
en amaneceres fríos, 
con la compañía de un recuerdo en las sábanas,
el mundo es propio desde que nos convertimos en parte de él,
sustancia intangible de los deseos.

¿Dónde está el sortilegio que habrá de reunirnos?
¿ cuál es la fecha donde nos podremos ver sin resentimientos?

Una luna que hace malabarismo en cualquier tejado
y la noche que no habrá de mancillar el olvido.
Anochece en la ventana
y el crepúsculo no me da las respuestas que necesito. 

II

No te marches,
no renuncies al encuentro,
te sé de sal ésta noche en que el vacío nos reconoce,
el café se enfría,
tu mirada es de humo y la piel de la calle se marchita afuera,
tus labios aún conservan el sabor de las certezas.

Reconozco tus ausencias al otro lado de la mesa,
tu sonrisa arde y congela,
es una daga que juega su filo en mis muñecas,
una súplica oscila en la ventana,
la petición de quedarte no asoma sus intenciones,
atravesamos la calle de la mano,
intuimos en el tacto una traición al ahora,
el suicidio que no llego ayer;
otra taza de silencios adorna la mirada que no nos otorgamos,
tus manos juegan combinando un idioma nuestro en el aire,
los labios buscan un roce,
un aviso en la sequía mutua,
una frase que se evade.

No importa nada ya,
mañana nos atrapará el recuerdo,
el pasado,
lo que no seremos…
la conjugación de cualquier verbo,
la negación al abandono
que en ésta habitación
nos hemos regalado

III
Una luz que pende alrededor de nada,
el sonido del mar que se agita,
una luna se sumerge en tu mirada,
tu voz susurrando el nombre de una silueta,
una sombra que se abraza en ti
y por desgracia no soy yo quien lo testifica

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