Suele ser así, de repente acontece,
como poner a cocer la cena
como nutrir la ventana con desprecios
como escribir palabras a lo pendejo;
nos llenamos de ficciones, nos reconocemos
y sólo nos queda el sabernos tan ajenos,
todo alrededor es una incierta silueta,
una voz prolongada en el vacío,
la memoria teje en la monotonía
un poema sin letras,
una sutil trampa
que de si misma hace presa.
Y es de esa forma que yo edifico palacios de niebla,
habitaciones de ausencia,
sonrisas nocturnas en la cúpula celestial,
donde tu mirada es una burla ácida
que me tomo al mediodía con tequila;
me reconozco como una figura más,
como veinte mil suspiros dejados,
extraviados en tu encabronada cotidianeidad.
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