Mi preciado amigo hoy que estoy cayendo,
me despido y te despido
como los héroes que somos y fuimos,
mi querido amigo,
eres el fantasma de todas mis vidas,
el que resuena en el corazón
de los demás que se han ido,
en cada latido que permanece aquí,
en un respiro que se adhiere
en la última bocanada que se busca,
en el camino que no nos reconoce,
donde todo lo que hemos tenido
es un dulce respiro que arde en los labios,
donde lo aprendido es un regocijo
en la familia y el linaje.
Reconozco que lo atesorado
es desperdicio de protocolos,
sin encontrar un recuerdo que permanezca,
en la suciedad que nos corona,
desde una silla rota
que no se puede reparar,
en la sequía de no saberte;
todo se vuelve un inicio;
con un millón de suicidios
que hieren lentamente lo ficticio
una lágrima en el viento,
una tristeza que se adhiere
en lo más profundo de mi caída,
cuando Dios abre los brazos
y yo niego los míos a los suyos.
Cuando el amanecer llega
soy el que se está despidiendo,
el primero que lo estará recibiendo,
con todos los secretos,
con una reputación quebrantada,
corrompida y violada,
con una historia que se agita
en la epilepsia de sentirte cerca de mí.
Sé que te hallaré en el camino de la muerte,
que nos recordará por siempre,
como cualquier otro que no fuimos
y siempre deseamos ser,
permaneciendo inamovibles e incrédulos,
con todas las dudas
cuando la mente no da respuestas,
sólo cuestiona lo incuestionable,
cuando muchas veces
he repetido la misma historia,
cuando he quedado en el camino de la incertidumbre,
cuando el dolor se acomoda
en una silla vacía dentro de mí.
Los llamábamos, los sabíamos,
fuimos la llave de todo lo que se desbarata,
todo lo que conozco tiene su nombre
y el tiempo es una falsedad,
me pregunto cuándo vendrás
y si yo seguiré recorriendo mis rincones,
los que me vuelven un emperador
que nunca deja de caer,
con todas las rosas que están desapareciendo,
observo el dolor que me regala
aquello que no vuelve,
caigo como una sombra que se siente
en el tiempo que aún permanece.
Cuando repare la vida
que se burla de todo lo roto,
en el campo más real,
en el llanto que queda en el destierro;
lo que negué se queda en el poniente,
lo recorrido es un absoluto abrazándome,
un inicio que lento mira sin observar,
los intentos de ser a la distancia que ahora es,
el momento cada vez se acerca y desciende
en acero de lo que pudo ser para ambos,
quise herirte y buscarte nuevamente
con las aproximaciones que jamás nos volverán a ver,
Cuando los recuerdos,
y la memoria se derrumben
aplastando el imperio de suciedad que arrastro,
en las risas que jamás podré entregar,
permanezco en la fidelidad de ser en ti,
una insistencia que se desangra en su silencio,
alrededor de los errores que no puedo remediar,
permanezco junto a ti,
como un confinamiento que se duele,
en un millón de reencuentros contigo y conmigo,
en la vereda del tiempo que deseamos,
subiendo y tomados de la vida
que ya no nos tiene,
que es como cualquier otra,
en la inmensidad de mi partida.
En infinidad de vidas,
al final de cada una,
pido intentarlo de nuevo,
sintiendo al universo que gira y se mueve,
descubro que lo que sabía
en ese entonces fue una revelación
que en este despertar las falsedades,
indecisiones y temores
eran el indeseado invitado a la cena.
Mi amado amigo,
mi niño de lejanas distancias,
eres un póster que vigila
todo recuerdo que regresa al camino,
en las jerarquías que resbalan
cuando arriba la lejanía;
desearía coronarte mi asesino,
un homicida de todo y todos,
siempre he sabido que eres el sentido,
con el cáncer, motivo de hierro que me olvida,
cuando todo vuelve a comenzar
cuando le busco en la rapidez
de una lágrima que nunca pude derramar;
envuelta de cansancio y coronas rotas se crea.
El cosmos no reconoce las reglas ó leyes
siempre otorga otra oportunidad,
repitiéndose infinidad de veces,
el desencanto me ciega a la realidad,
todo lo que me han enseñado
está dando mil vueltas,
la ira permanece en la sordera
de todos los que amo,
la podredumbre humana
permanece alrededor de ellos,
con todos mis corazones latiendo,
con un cambio de señales,
con seis millones
y una más de oportunidades,
con una canción que es la redención
de todas esas desapariciones
y la esperanza de saber que infinidad de veces
el tiempo se detendrá
y yo seré el único consciente de ello,
cuando la humanidad
me rechace y aparte,
cuando sea señalado
a la mitad del camino de sus vidas,
cuando el llanto y lo incierto
se hagan una permanencia.
A medio amanecer,
en un edificio,
en su incólume destello;
un resplandor distinto
a los anteriores para mi,
para él y para todos,
porque en éste punto,
se juega el inicio y la continuidad,
sin temores,
sin agachar la cabeza,
levantando la vista al cielo,
regalándole una sonrisa
que corresponde en mutismo,
con un día nuevo que no recordaba,
cuando te siento llegar
dulce y lentamente,
con la sorpresa,
más allá de todas las dudas
que se ciñen alrededor,
dándole movimiento
a la corrompida espiral,
equilibrando el dolor y la pena,
esperando verte llegar
como en cada vida que nos otorgan,
para hallarnos y ser ambos
con la ternura que otorga
un empalidecido amanecer,
de la ciudad y sus hostiles habitantes,
en la voz que nos preserva,
guía y determina.
en la plenitud que arriba,
en el otro que no hemos sido,
en los rincones más lejanos
en la comunicación,
en silencio...
te miro y me despido.
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